El tartufo que predije y que el tiempo demostró AMLO

PREFACIO

Estoy muy seguro que los amables lectores de este medio digital saben, que las siglas  AMLO que forman parte del título de esta modesta opinión, corresponden al actual presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, un socialista bien disimulado y con cierto revestimiento de populista «demócrata», pero que en el fondo de su corazón político siente una gran  admiración por vetustas y sanguinarias dictaduras como la de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Es harto conocido su viejo rol político para llegar al poder en la tierra de Benito Pablo Juárez García y, de igual manera, su inclinación socialista, la cual  quedó evidenciada cuando sintió complacencia al invitar a la reunión con sesgo izquierdista de la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC) hace poco finalizada el pasado mes de septiembre  del año en curso en la ciudad de México a unos cuantos dictadores izquierdistas.

Entre ellos podemos citar a uno que le llaman  «presidente» de Cuba, Miguel Mario Díaz Canel-Bermúdez, un títere de Raúl Castro «elegido» de dedo;  al troglodita cucuteño y dictador de Venecuba, al cual evito nombrarlo  por considerarlo un ser abyecto, una escoria humana, un vulgar asesino y un analfabeto funcional; a Luis Alberto Arce Catacora, testaferro político del indio cocalero Juan Evo Morales Ayma y al nuevo mandatario y pichón socialista con sombrero del Perú, José Pedro Castillo Terrones.

Como pudimos notar en los noticieros televisivos, dos de estos camajanes políticos, el de Cuba y el de su colonia Venecuba,  fueron recibidos en México con mucho repudio y protestas por su presencia indeseada por los amantes de la democracia y los que critican las dictaduras totalitarias tanto de Cuba como de su colonia Venecuba.

Supuestamente, el objetivo central de esa reunión era para tratar de «crear un plan en la región con la finalidad de enfrentar la pandemia del virus chino (SARS-CoV-2)» o el covid-19. No obstante eso, el verdadero trasfondo de estas reuniones es conseguir el fortalecimiento con gobiernos de corte izquierdistas para mermar o debilitar a la Organización de Estados Americanos (OEA). Podemos ser ingenuos en algunas ocasiones, pero no pendejos todo el tiempo como se creen  estos hipócritas y oportunistas socialistas izquierdistas.

Pero, no escribí este artículo para referirme a las artimañas y subterfugios que usa la izquierda totalitaria para lograr sus propósitos políticos y, de igual manera, para referirme a la  finalizada reunión del CELAC que de paso, resultó deslucida, accidentada, intrascendente y fútil, sino más bien, del simulador, farsante y el mentiroso presidente de México,  Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Las mentiras del populismo socialista

Para todos es conocido, que la filosofía política del socialismo izquierdista se basa y fundamenta en la mentira, el engaño, la traición, la falsedad y el arribismo político. Todos sus líderes connotados se han caracterizado en la historia por ser unos mentirosos con la finalidad de llegar al poder y de ahí pretender no dejarlo jamás. Los comunistas no creen en alternar el poder, porque ellos bien saben que difícilmente puedan ser aceptados mediante una consulta electoral diáfana, participativa y democrática.

Esa es la razón por la cual en Cuba no hay elecciones, ni en la China Popular, ni en Corea del Norte y, cuando las hay, como sucede en Venezuela, Nicaragua o Bielorrusia son totalmente amañadas, fraudulentas, preconcebidas y manipuladas a su antojo por el régimen. En consecuencia, Andrés Manuel López Obrador no se escapa de esa característica típica de los líderes  izquierdistas de ser un farsante y un mentiroso a la hora de cumplir con las promesas hecha para llegar al poder político.

Fue por estas razones que basado en ello, publiqué un artículo en este prestigioso medio digital de ALMOMENTO.NET. d/f 28 de marzo 2018, titulado: «López Obrador: hiena mexicana al acecho». (1)  Aquí sostenía que la causa por la cual estos populistas de la izquierda llegan al poder, utilizando los mecanismos que otorga la democracia y que ellos niegan cuando están en el mismo, se deben al proceder de algunos presidentes de perfil democrático, que ejercen un mal gobierno y por ende, habilitan a estos mentirosos farsantes del populismo izquierdista.

No falla el sistema, falla el hombre que lo representa. En el caso socialista, no solo el sistema no sirve ni funciona, sino tampoco los que lo representan. De igual manera, los pueblos se equivocan muchas veces porque les gusta escuchar lo que quieren o desean y no lo que deben saber y la realidad de las cosas, situación en que estos camajanes izquierdistas aprovechan para esparcir sus mentiras, falsedades y crear falsas promesas y expectativas a los incautos que los escuchan y siguen.

El Pinocho de Tabasco

Cuando escribí mi artículo citado más arriba, lo hice 4 meses antes de celebrarse los comicios presidenciales en México, los cuales se efectuaron el 1 de julio del 2018  resultando ganador López Obrador para gobernar la patria de Miguel Gregorio Ignacio Antonio Hidalgo y Costilla durante un sexenio.

Como era de esperarse y que es típico en estos populistas de corte izquierdista, cautivó en gran medida a una buena parte del electorado mexicano con sus discursos llenos de falsas promesas, demagogias baratas y peroratas llenas de mentiras. Fue tan brutal sus inflexiones, que hizo una serie de promesas si resultaba electo, que de llevarse a efecto, harían un nuevo México muy distinto al de sus predecesores.

Pero, la utopía izquierdista es una cosa y la realidad es otra. López Obrador hizo 10 grandes promesas al pueblo mexicano, entre las cuales puedo citar: a) producir en México todo el carburante requerido y rebajar su costo,  b) cambiar el estado de ánimo de los mexicanos, c) erradicar el hambre y la pobreza, d) dotar de becas al estudiantado de esa nación y ejecutar un plan de obras públicas sin precedentes y, e) eliminar los homicidios que tienen al pueblo mexicano al borde de la locura. Pero estimados lectores, la realidad ha sido totalmente diferente al cumplir ya casi tres años al mando.

No solo incumplió sus promesas, ya que los carburantes no bajaron de precios ni satisfizo la demanda, no erradicó la pobreza ni el hambre, los estudiantes se han quedado esperando las famosas becas y estudios gratis en la universidad, sino que tampoco cambió el estado de ánimo de los mexicanos, que hoy más que nunca viven con miedo, incertidumbre y desesperanza ante la crisis económica, moral y de seguridad que padece la patria de José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como «Pancho Villa».

De acuerdo a datos de la prensa escrita, organizaciones sociales, políticas y empresariales de México, de las 1,200 promesas que hizo López Obrador en campaña, apena en su tercer período de mandato, ha incumplido el 90% de ellas. Con base en las estadísticas recopiladas, las principales  fueron en materia de educación (93%), salud (83%), energía (81%), seguridad (80%) y corrupción (76%).

Ahora bien, lo más tétrico de todas estas promesas no cumplidas, ha sido que los homicidios violentos en su gobierno han superado al de los  expresidentes Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto (que es mucho decir) en sus primeros 30 meses, ya que, en el gobierno del tartufo López Obrador, de diciembre 2018 a mayo de 2021 se han cometido  72 mil 892 asesinatos y la cifra sigue aumentando de manera vertiginosa hasta el presente mes y cuya cantidad ronda ya los 90 mil homicidios.

Pero si lo anterior es irritante, lo siguiente es más indignante y vergonzoso en el gobierno del presidente que rifa (ahora se ha dedicado a rifar aviones, autos y casas). En efecto, el 17 de octubre de 2019, se produjo en México lo que el mundo conoce como «El Culiacanazo», cuando Ovidio Guzmán López hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán fue capturado por un grupo de militares mexicanos para se extraditado y ocurrió todo lo contrario: el presidente López Obrador sufrió una humillante derrota la cual le dobló las manos ante el poder fáctico que demostró el Cartel de Sinaloa que logró la liberación inmediata del detenido en apenas unas horas de enfrentamientos y amenazas al gobierno.

Este es el presidente que el inefable escritor y articulista de este medio, Miguel Espaillat Grullón en uno de sus artículos lo exhibió como un «modelo a seguir e imitar.» En lo particular, las mentiras y proceder de estos populistas izquierdistas a mí no me sorprenden para nada, porque como he dicho, llevo al tanto sus palabras, hechos y su rol político. Pero, las mentiras  de López Obrador palidecen  a la que dijo el extinto sátrapa, dictador y asesino Fidel Alejandro Castro Ruz, con las cuales engañó a los cubanos y se mofó del mundo:

«No soy comunista por tres razones y te lo digo para tu tranquilidad espiritual. Primero, porque el comunismo es la dictadura de una sola clase y yo he luchado toda mi vida contra las dictaduras y no voy a caer en una dictadura del proletariado. La segunda razón, porque el comunismo significa odio y luchas de clases y yo estoy en contra completamente de esa filosofía. Y la tercera, porque el comunismo lucha contra Dios y la iglesia.»  (Fidel Castro Ruz en una entrevista para el periodista Ignacio Rasco en 1959).

Después de esta soberbia mentira, la cual fomentó la confianza de los cubanos, para luego caer en una dictadura atroz de seis décadas, ¿puedo creer yo en las palabras y promesas de un político izquierdista?  ¿Lo harían ustedes amigos lectores?.

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